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¿Qué hacer frente al botellón?

    El botellón es la palabra con la que se etiqueta al hábito, especialmente presente en los jóvenes, de consumir bebidas alcohólicas en la vía pública.

    En mi opinión debería estar absolutamente prohibido y, además, se tendría que perseguir de una manera mucho más tajante.

    Dicho esto, podríamos dar por finalizado el artículo; en este asunto no caben medias tintas.

    No obstante, voy a argumentar el porqué de esta visión personal.

    ¿Qué hacer frente al botellón?

    No estoy en contra únicamente porque al terminar a las tantas de la madrugada las calles queden tan sucias como si hubiese habido una bacanal de hooligans, o por las molestias que les causan a los vecinos que viven cerca de estas reuniones.

    Más bien estoy en contra del botellón porque la ingesta de alcohol en adolescentes es dañina para su salud física y mental, y esto está probado científicamente.

    El alcohol interfiere directamente en el desarrollo cerebral de los jóvenes, en su memoria y en su carácter.

    Por si fuera poco el hecho de permitir que puedan quedar seriamente perjudicados, además les afecta de manera secundaria en su sexualidad y en la predisposición a engancharse a otras sustancias, como el tabaco.

    En España tenemos una riqueza cultural amplísima y, en gran parte, está ligada al alcohol.

    No hay acontecimiento ni rito que se precie en el que éste no se consuma. El alcohol es parte de nuestra cultura y por tanto estamos familiarizados con él.

    Esto nos conduce a que relativicemos sus consecuencias y a que no le demos demasiada importancia a su consumo entre los jóvenes.

    Alcohol y menores de edad, la peor combinación

    Que un individuo mayor de 18 años haga botellón aún tendría un pase. Pero que un chaval de apenas 14 se emborrache con güisqui de cuatro euros cada fin de semana supone una masacre para sus neuronas.

    Un representante público nos replicaría de inmediato: “En nuestra ciudad hay una ordenanza que prohíbe el botellón”. No lo dudo; el problema es que en nuestro país, donde tenemos todo tipo de normativas, nos lo saltamos todo a la torera.

    A lo que cabe añadir que tampoco nadie se ocupa de que cumplamos dichas normas.

    Sólo con hacer respetar aquello que hemos decidido que sean nuestras normas de convivencia, de la primera a la última, dejaríamos de ser el “Banana Kingdom of Spain”.

    Así que no se puede hacer botellón, pues está penado por la ley, pero cada fin de semana podemos contar estos acontecimientos por millares a lo largo y ancho de nuestra geografía; una contradicción muy nuestra.

    Y los únicos que han de ocuparse de hacer cumplir lo que las autoridades ignoran son los padres.

    Beber habitualmente siendo un adolescente es, sin lugar a dudas, una conducta de riesgo, y como tal ha de ser tenida en cuenta.  

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