¿Cuál es la verdad sobre el TDAH?

    ¿Cuál es la verdad sobre el TDAH? © Depositphotos.com/Zurijeta

    El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (o TDAH) es uno de los problemas psicológicos infantiles más estudiados actualmente, gozando de gran repercusión mediática.

    Hoy existen muchas asociaciones, centros y grupos de personas dedicados a la difusión de información acerca de este trastorno y sus posibles pautas de acción.

    Sin embargo, su diagnóstico precoz y su tratamiento farmacológico no están exentos de polémica.

    ¿Cuál es la verdad sobre el TDAH?

    Muchos profesionales de la Medicina y la Psicología consideran el TDAH un trastorno sobre-diagnosticado, lo cual dice mucho de nuestra necesidad autoimpuesta por diagnosticar rápidamente cualquier tipo de problema.

    Más del 7% de la población española lo sufre, y la cifra se eleva hasta el 10% en caso de niños. ¿Es realmente este trastorno tan común?

    El diario 20minutos publicó en 2010 una noticia en relación a unas declaraciones de Fernando Mulas, el jefe del servicio de Neuropediatría del hospital La Fe, en Valencia. Mulas afirmaba que el 25% de los diagnósticos de TDAH realizados en niños son erróneos.

    Una de las explicaciones dadas fue que existe un alto porcentaje de niños que presentan otros trastornos, como depresión, ansiedad, trastornos de personalidad o problemas de adicciones; obviamente, cada paciente debería tener un tratamiento acorde a su diagnóstico, personalizado, y no uno común para todos, algo que no suele ocurrir en este trastorno.

    TDAH: ¿un “filón” para las compañías farmacéuticas?

    El TDAH está incluido en el Manual de Diagnóstico de Trastornos Mentales desde 1968, pero muchos años antes ya se estudiaban casos de niños muy inquietos y con grandes dificultades para concentrarse.

    Leon Eisenberg, un famoso psiquiatra alemán, fue uno de los primeros profesionales que se dedicaron a este problema, probando varios fármacos en estos niños, hasta descubrir que el metilfenidato lograba lo que se proponía: volverlos mucho más dóciles y calmados.

    Desde entonces, y hasta el día de hoy, este medicamente se ha convertido en el tratamiento de elección para la gran mayoría de casos de TDAH.

    Conforme pasan los años, el diagnóstico de este trastorno es cada vez mayor, superando sus cifras constantemente, y el tratamiento farmacológico se ha ido vendiendo como la espuma.

    Un dato: en 1993, en Alemania se vendieron apenas 35 kg de metilfenidato; en 2011 este valor se multiplicó por 50, alcanzando los 1.760 kg. Todo un beneficio para las compañías farmacéuticas.

    La base en la que se sustenta el tratamiento farmacológico es que este trastorno tiene un origen genético, y por ello es necesario un medicamento para su “cura”.

    Sin embargo, el mismo Eisenberg, en una entrevista publicada en la revista alemana Der Spiegel (una de las más influyentes en toda Europa), afirmó que pensar que un niño pueda tener estos problemas de conducta, de inquietud y de rendimiento académico, típicos del TDAH, desde su nacimiento, es una idea equivocada.

    Pero, de esta forma, la causa del trastorno es puramente genética, librando así de responsabilidades a los padres, quienes están mucho más dispuestos a darles el medicamento a sus hijos que a cambiar su actitud.

    La verdadera realidad sobre el TDAH

    No obstante, es posible que no todo sea cuestión de genética.

    Hay que conocer muy bien todo lo que rodea a ese niño: su familia, las relaciones entre los miembros de la misma, las discusiones y conflictos en el núcleo familiar, los problemas en el colegio, el tipo de educación impartida en casa, la flexibilidad en la disciplina mostrada…

    Todos ellos aspectos que requieren de una intervención psicológica que va más allá del tratamiento farmacológico.

    No hay más verdad que ésta: siendo más o menos fiel a la validez científica, estos niños presentan dificultades en muchas áreas de su vida y problemas de comportamiento que requieren de atención.

    ¿Qué hacer ante un diagnóstico de TDAH?

    Refuerza las conductas positivas que tenga tu hijo, poténcialas al máximo y aprovéchalas; intenta no criticarle, no humillarle ni culparle por sus malos comportamientos, ni le castigues más de lo que ya acumula; deja que se exprese libremente, que pueda confiar en ti y te vea como un apoyo; y, como siempre, sé un modelo para él, enséñale y haz tú las cosas que quieres que haga.

    Cada niño es un mundo: ésa es la única realidad.

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