Padres sobreprotectores, hijos con miedo

    Padres sobreprotectores, hijos con miedo © Depositphotos.com/Trgowanlock

    Como muchas tardes, llevas a tu hijo al parque infantil. Al llegar te fijas en todos los juegos que lo componen para ver lo peligrosos que pueden ser.

    Te pregunta si puede subirse al tobogán, y tú vas detrás de él para sujetarle y estar siempre alerta.

    Luego se sube a los columpios y no dejas que vaya muy rápido, esperando a una distancia que te permita socorrerle en un segundo.

    Cuando se le acerca otro niño, te interpones para que no pueda hacerle daño. En definitiva, estás pendiente de él en todo momento, sufriendo por si le ocurre algo.

    Es posible que seas víctima de la sobreprotección.

    Padres sobreprotectores, hijos con miedo

    ¿Cómo sé si sobreprotejo a mi hijo?

    Éste es sólo uno de los muchos ejemplos que pueden definir la conducta de unos padres sobreprotectores.

    Quizá sea un ejemplo exagerado, pero en muchas ocasiones no se queda lejos de la verdad.

    Todos los niños necesitan la protección de sus padres ante ciertos peligros que encontrarán en su vida, pero cuando esta protección se convierte en una burbuja de aislamiento hacia una gran parte de lo que ocurre en el exterior hablamos de sobreprotección.

    Los padres sufren una excesiva preocupación por que a su hijo le ocurra cualquier desgracia o sufra algún peligro de forma constante, y por ello realizan algunas conductas con las que puede que te identifiques:

    - Prohibirle ciertas situaciones (irse de viaje, de acampada, a casa de un amigo, etc.).

    - Resolver las dificultades que tenga en vez de enseñarle a resolverlas por sí mismo (ejercicios del colegio, problemas con compañeros, etc.).

    - Impedir su autonomía (darle de comer, vestirle, bañarle, etc.).

    - Privarle de responsabilidades (ordenar su habitación, ayudar en casa, dedicarse al estudio, etc.).

    - Mimarle en exceso (darle premios, chucherías o juguetes cuando ni siquiera lo ha pedido o merecido).

    - Justificar sus errores (culpar a otros compañeros o a sus hermanos mayores).

    El objetivo de éstas y otras muchas conductas no es más que cuidar, proteger a tu hijo y evitar que pueda sufrir.

    Es una meta positiva y muy noble. Entonces, ¿dónde está el problema? La sobreprotección impide que tu hijo aprenda de forma natural.

    Debe enfrentarse a los problemas y dificultades que le vengan, siempre que pueda lidiar con ellos (según su edad y su capacidad).

    Si no, nunca llegará a aprender esas estrategias de afrontamiento que tanto le han de servir.

    Características de un niño sobreprotegido

    - Miedo

    Es la principal. Los niños que tienen padres sobreprotectores desarrollan con más facilidad ciertos miedos y fobias.

    Al fin y al cabo es comprensible: han aprendido a temer muchas cosas que no son peligrosas, pero que sus padres temían.

    - Inseguridad

    Derivada del miedo. Se trata de niños muy inseguros, pues sus padres prácticamente han hecho todo por ellos, por lo que no saben tomar decisiones por ellos mismos. 

    - Baja tolerancia a la frustración

    Al no haber aprendido a fallar y a equivocarse, cuando lo hagan en un futuro tendrán muy poca paciencia y no sabrán encajar el revés.

    -Dependencia: Han dependido toda su infancia de sus padres, que intercedían por ellos en todo momento.

    En un futuro pueden desarrollar un trastorno de la personalidad dependiente y necesitar siempre a alguien que tome sus decisiones y que cuide de ellos.

    Las conductas de sobreprotección hacen que tu hijo no vea el mundo tal y como es.

    Al estar constantemente pendiente de él, temiendo que le ocurra algo malo, le inculcas la idea de que el mundo, por lo general, es peligroso, y, por ello, debe temerlo.

    No le transfieras tus miedos, porque acabará reproduciéndolos. Explícale, enséñale, pero no lo hagas por él.

    Y permítele: poco a poco va creciendo y tiene que aprender a valerse por sí mismo, a cometer errores, a aprender de ellos y a solucionarlos con las armas de las que disponga.

    Tú no siempre vas a estar ahí para ayudarle, por lo que, muchas veces, hay que dejar que vaya solo.

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    ¡Compartir es vivir!

     

     

     

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