¿Quieres que tu hijo te obedezca? Alíate con su parte adulta

    ¿Quieres que tu hijo te obedezca? Alíate con su parte adulta © Depositphotos.com/Kolessl2807

    El secreto de una consulta psicológica exitosa con niños y adolescentes reside en la forma en la que el psicólogo se dirige a su paciente.

    ¿Ha dicho algo? Preguntan los padres al especialista cuando éste termina la sesión con un niño, casi seguros de que no habrá colaborado en la terapia.

    Si lo piensas, los adultos tendemos a utilizar un lenguaje diferente cuando nos encontramos frente a un niño o a un adulto. 

    ¿Quieres que tu hijo te obedezca? Alíate con su parte adulta

    No obstante, si tratamos a los niños como niños, mostrándoles verbalmente que los consideramos sujetos infantiles, su comportamiento tenderá a ser infantil.

    Por el contrario, si hacemos la prueba de hablarles como si se tratase de un ser ya desarrollado, aunque aún no lo sea del todo, tanto sus respuestas como su nivel de colaboración tenderán a aproximarse a los de un  adulto.

    Podríamos entender mejor este asunto diciendo que un niño o un adolescente es en realidad un semi-adulto.

    Su mente está capacitada para entender los conceptos de la misma manera que hacen los adultos, al tiempo que su comportamiento se ve traicionado en muchas ocasiones por su parte más inmadura.

    Como ya sabes, la buena educación será aquella que aplique el diálogo con el niño cuando éste responda desde su parte madura, pero que emplee la firmeza y la autoridad cuando lo haga desde su actitud más infantil.

    En eso consiste el esfuerzo educativo.

    Claves para dirigirnos y desarrollar la parte madura del niño:

    1.- Interesarnos por su vida y sus metas: Preguntarle por sus deseos vitales, escuchar con verdadera atención por simples que parezcan.

    2.- No ridiculizar: Los jóvenes tienen su propia visión de la realidad y hemos de respetarla.

    3-. A posteriori, preguntarle el porqué de sus malos comportamientos, desarrollando así su capacidad de razonamiento y autocrítica.

    4.- Poner las cartas sobre la mesa y explicarle, como si lo hiciésemos a un adulto, la responsabilidad educativa que tenemos sobre él.

    Ésta es la denominada “educación condicional”, mediante la cual aplicamos el diálogo o la autoridad constructiva según el comportamiento del niño.

    “Pedro, si vuelves a (insultarme, pegar a tu hermano, gritar a tu padre, etc.) aplicaremos un tiempo fuera (o tendrás media hora menos de videojuegos) hasta que te comportes tan bien como sabes. Depende de ti, pero no voy a pasarte ni una más, ¿entendido?”.

    Te en cuenta que las palabras se las lleva el viento. Lo que digas que vas a hacer has de cumplirlo a rajatabla.

    5.- No olvides que todo hijo desea ser querido por sus padres, así que dale feedback positivo cuando saquen su lado maduro.

    “¡Muy bien, Pedro! ¿Ves qué bien lo sabes hacer? Dame un abrazo”.

    6.- Alíate con su parte madura: “Ésa es la parte de ti que me gusta, Pedro”. De esta manera potenciarás los comportamientos apropiados. 

    Como-vencer-el-desamor

    ¡Compártelo si te ha gustado!

     

    Banner-horizontal-articulos-Manuel

     

     

    Go to top