Tiempo fuera: mano de santo frente al mal comportamiento

    Mal comportamiento hijos © Depositphotos.com/Buurserstraat38

    Julio es un preadolescente de 11 años que lleva a su madre por la “calle de la amargura”.

    Acude a consulta desde hace tres semanas para corregir su tendencia rebelde.

    Una tarde cualquiera, al verlo molestar a su hermano pequeño de siete años, su madre le grita: “Julio, deja a tu hermano pequeño. Siempre acabas aprovechándote de él y sabes que eres mucho más fuerte”.

    Tiempo fuera: mano de santo frente al mal comportamiento

    Los celos entre hermanos son muy potentes y en este caso Julio no dejaba pasar la ocasión de “abusar” del pequeño.

    Al ver que no había reacción por parte del mayor, un par de minutos más tarde su madre vuelve a la carga: “Es la segunda vez que te lo digo, Julio: deja a tu hermano en paz. Si te lo tengo que decir una tercera vez ya sabes lo que va a pasar”.  

    Al parecer Julio tenía el día torcido, por lo que la madre optó  finalmente por tomar cartas en el asunto: “Hale, ven conmigo. Vamos a hacer un tiempo fuera: Ve directo a tu habitación, cierra la puerta y no salgas de ahí hasta que estés dispuesto a comportarte tan bien como en el fondo sabes hacerlo”.

    No sin refunfuñar, Julio accedió a irse a su habitación. Diez minutos más tarde salió y le dijo a su madre: “Mamá, ya. Me voy a portar bien”. “¿Seguro?” preguntó ella. “Sí”, le respondió el pequeño. “De acuerdo. Puedes salir y volver a jugar con tu hermano”.

    El tiempo fuera: una fantástica herramienta educativa

    El tiempo fuera es una fantástica herramienta educativa por varias razones:

    1-. Ayuda a los padres a preservar el equilibrio y la atmósfera adecuada para una convivencia civilizada.

    2-. Ayuda al hijo a contener su furia rebelde, que arderá por autocombustión entre las paredes de su habitación y no desparramada por toda la casa.

    3-. De paso sirve de ejemplo para el resto de hermanos, que observan cómo actúan los papás ante quien se porta mal.

    4-. No es un castigo. En el fondo es una técnica de relajación, como si de un Valium educativo se tratase, porque corta de raíz una escalada de mal comportamiento aislando temporalmente al niño.

    Y eso sí: dándole a él mismo la oportunidad de decidir cuánto tiempo pasará en su cuarto.

    Depende de él volver a ser aceptado en las zonas comunes de la casa.

    Antes de aplicarlo hay que dar dos -o como mucho tres- oportunidades para que el niño reconduzca por sí mismo su comportamiento.

    Si no hay reacción, que no te tiemble el pulso y llévalo de la mano a su habitación.

    Eso sí: si tiene miedo no le cierres, deja la puerta entornada.

    Al entrar en su habitación recuerda hacerle llegar el siguiente mensaje: “No puedes actuar así (repites lo que ha hecho mal), así que vas a estar en la habitación hasta que recapacites y me prometas que te portarás bien. De ti depende”.

    Si tienes dudas a la hora de aplicarlo, no dudes en consultarme.

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