“Papá, no apagues la luz”: miedo a la oscuridad

    “Papá, no apagues la luz”: miedo a la oscuridad © Depositphotos.com/Angela Waye

    ¿Quién no ha oído alguna vez un ruido estando a oscuras y ha pensado que había alguien en la habitación? En la infancia este miedo es, posiblemente, el más extendido.

    Es probable que tú mismo lo sufrieras cuando eras niño, o que tu hijo ahora mismo esté teniendo problemas a la hora de dormir porque no puede estar a oscuras.

    Y hasta cierta edad es normal, pero si persiste se convertirá en una fobia difícil de eliminar.

    En este artículo te daré algunos consejos para lograr que tu hijo pierda el miedo a la oscuridad y pueda dormir tranquilo (y tú también).

    “Papá, no apagues la luz”: miedo a la oscuridad

    La solución más sencilla para este problema es tener la puerta abierta y encender la luz, ya sea la del pasillo, la del baño más cercano o incluso alguna que tenga en su propia habitación.

    Pero ¿qué ganamos con esto? Es posible que tu hijo se calme y se duerma, pero ¿a qué precio? (y no me refiero únicamente al recibo de la luz…).

    Tu hijo aprende así que la oscuridad es realmente un peligro que debe temer; por eso sus padres le encienden la luz, porque “la oscuridad es peligrosa”.

    Esto no significa que no debáis encender alguna luz: si tu hijo tiene mucho miedo y no puede estar con todo apagado, al principio podréis encender esas pequeñas luces de pared, pero incluso éstas deberían ir desapareciendo progresivamente.

    La luz no debe iluminar en exceso la habitación.

    Los juegos son la mejor herramienta para vencer los miedos

    Muy importante: utiliza los juegos. Juega con él para rebajar su miedo.

    A lo largo del día podéis cerrar las persianas de la habitación, dejarla a oscuras (como si fuera de noche) y hacer juegos: reconocer objetos del cuarto con las manos, hacer sombras con una lamparita, esconder objetos y buscarlos, etc.

    Así el niño no sólo estará más calmado y alegre, sino que habrá comprobado, sin darse cuenta, que no hay “monstruos” en la habitación. Es vital que tu hijo se habitúe a la oscuridad.

    Para ello puedes hacer este ejercicio: dile que se acueste en la cama como si se fuera a dormir, y que sólo salga de la habitación cuando tenga miedo.

    Estando tú siempre fuera, en primer lugar lo haréis con la luz del cuarto encendida y la puerta abierta; luego con un flexo o la lámpara de la mesita de noche y la puerta abierta apenas un palmo; lo siguiente con la habitación a oscuras, la luz del pasillo encendida y la puerta abierta; luego igual, pero con la puerta entreabierta; ahora con la puerta casi cerrada; y, por último, la habitación a oscuras, sin luz en el pasillo, y con la puerta apenas abierta en un palmo.

    Este ejercicio puede convertirse en un juego si, por ejemplo, le das un punto cuando lo hace y, al final, un regalo por completarlo todo.

    No fuerces la situación, ve a su ritmo

    No olvides que esto será muy difícil para él, así que no le fuerces. Ve poco a poco, y si ves que no quiere hacerlo todo, prueba otro día.

    Lo importante es que vaya cumpliendo los pasos a su ritmo y tú le felicites por ello. El niño debe estar relajado y tranquilo cuando se acerca la hora de irse a la cama.

    Para ello, propón unas actividades relajantes antes de dormir, como ver juntos algo divertido (y nada aterrador) en la tele, darse una ducha o leer un cuento.

    Así se habitúa a un horario que minimiza el riesgo de que aparezcan sus miedos.

    El libro “Oscar y el león de correos”, de Vicente Muñoz, y el cuento “¡HUÁKALA! a los miedos”, de Sergio López, son dos lecturas muy recomendables para este momento.

    Recuerda: si tu hijo asocia desde pequeño la hora de dormir con la luz encendida, cuando sea adulto le costará mucho más dormirse en plena oscuridad.

    Así que no refuerces su miedo, ayúdale a superarlo, muéstrale cariño, felicítale cuando consiga un pequeño progreso y… ¡buenas noches!

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    ¡Compartir es vivir!

     

     

     

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