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¿Qué es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad?

    ¿Qué es el TDAH? © Depositphotos.com/ЭМИЛЬ БИЗЯЕВ

    Las ganas de descubrirlo todo son una hermosa parte del espíritu infantil. Por eso, el exceso de energía es muy habitual en niños pequeños y, por supuesto, no es patológico por sí mismo.

    Sin embargo, en algunos niños esta situación va más allá, y el inadecuado desarrollo de su nivel de atención junto con las conductas de hiperactividad e impulsividad pueden llegar a causar deterioro y malestar en varias áreas de la vida del pequeño y de su familia: es entonces cuando se trata de un problema.

    ¿Qué es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad?

    Aunque la frontera entre normalidad y patología resulta, en ocasiones, algo difusa, los profesionales especializados (psicólogos y neurólogos infantiles) están preparados para detectarlo y tratarlo.

    En este artículo daremos algunas pinceladas sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

    Si identificas a tu hijo con la descripción, no te alarmes: visita a un profesional. Él te sacará de dudas y te guiará en los siguientes pasos si fuera necesario.

    El TDAH es un trastorno neurobiológico que se inicia en la infancia y que puede continuar en la adolescencia y la adultez, aunque más controlado.

    Frecuentemente la sospecha de TDAH empieza cuando el pequeño es escolarizado, ya que entonces comienzan a notarse las dificultades en el rendimiento escolar y/o en sus relaciones sociales.

    Tres subtipos de TDAH

    El DSM-IV clasifica tres subtipos de TDAH: predominante inatento, predominante hiperactivo/impulsivo o bien TDAH combinado si presenta los tres síntomas nucleares (inatención, hiperactividad e impulsividad).

    Algunos síntomas característicos  del TDAH son:

    - Inatención.

    - Dificultad para mantener la atención durante cierto período de tiempo.

    - Poca atención a los detalles (dificultad para focalizar la atención).

    - Propensión a dejar las tareas sin acabar.

    - Poca capacidad de escucha.

    - Problemas para organizarse y planificar.

    - Evitación de actividades que requieran un esfuerzo mental sostenido.

    - Tendencia a perder las cosas

    - Distracción habitual.

    - Dificultad para seguir órdenes, indicaciones o instrucciones.

    - Hiperactividad.

    - Exceso de movimiento, como si les impulsara un “motor”.

    - Dificultad para permanecer quietos aunque el contexto lo requiera.

    - Verborrea (en ocasiones fuera de contexto).

    - Dificultades para realizar actividades o juegos tranquilos.

    - Alternancia de actividades, sin terminar ninguna.

    - Impulsividad.

    - Impaciencia y dificultad para esperar su turno.

    - Aplazamiento del esfuerzo.

    - Tendencia a interrumpir a los demás.

    - Impulsos de tocarlo todo.

    - Realización de comentarios o conductas fuera de contexto.

    Diagnóstico del TDAH

    A partir de los 6 años es posible realizar el diagnóstico de TDAH de forma fiable.

    El profesional especializado diagnosticará haciendo uso de las herramientas que han demostrado ser útiles para evaluar objetivamente los síntomas (frecuencia, duración y consistencia intercontextual), tanto cuantitativa como cualitativamente.

    También atenderá a factores como la edad de inicio, su repercusión en los diferentes ámbitos vitales (académico, familiar, social, ocio…), antecedentes familiares (dado el componente genético del TDAH), antecedentes personales y el funcionamiento familiar en general.

    Además, tanto la familia como los maestros aportarán información sobre el niño que resulta extremadamente valiosa en el diagnóstico.

    Tratamiento del TDAH

    El tratamiento del TDAH debe ser individualizado, según las características de cada caso. El objetivo es mejorar la calidad de vida del niño y sus allegados, los síntomas y las posibles complicaciones futuras.

    También es importante informar y educar a la familia sobre el trastorno, adaptar el entorno a las necesidades del niño y desarrollar (tanto el niño como la familia y los maestros) las habilidades necesarias para abordar la situación.

    Dependiendo del caso puede ser recomendable prescribir medicación específica, que ayudará al niño a mejorar su concentración y a reducir su impulsividad.

    En ningún caso el tratamiento farmacológico será el único recurso puesto en marcha.

    Únicamente se trata de una base —en ocasiones necesaria— que facilita y potencia el efecto de la intervención psicopedagógica, haciendo que el niño se encuentre más receptivo y capacitado.

    ¡Herramienta recomendada!

    http://www.elmundo.es/elmundosalud/documentos/2013/07/tdah/hiperactividad.html 

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    estefania-monaco-psicologa

     

     

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