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Por qué no gritar a tus hijos II: consejos prácticos para evitarlo

    Por qué no gritar a tus hijos II: consejos prácticos para evitarlo © Depositphotos.com/Michele Piacquadio

    Si ya has leído el artículo “Por qué no gritar a tus hijos I”, seguramente hayas llegado a comprender la importancia de deshacerte del hábito tan negativo para la educación de tus hijos que es gritarles ante cualquier situación irritante para ti.

    Ahora quieres saber cómo puedes cambiar. Para ello, lee atentamente y pon en marcha estos consejos para evitar gritar a los peques de la casa.

    Consejos prácticos para no gritar a los hijos

    1.- Concreta tu objetivo

    Puedes empezar proponiéndote, por ejemplo, una semana sin gritos. Si gritas, la cuenta comienza otra vez desde cero.

    Avanza progresivamente. Implícate y comprométete: es necesario dedicarle esfuerzo.

    2.- Mira desde sus ojos

    Cuando trates con tu hijo, no tiene sentido que juzgues su asunto —de niño— desde tu perspectiva —de adulto—.

    Su mundo y el tuyo son completamente diferentes, pero eres tú quien debe acercarse a comprender la realidad desde su punto de vista.

    Esto supone mucho esfuerzo, porque requiere “desaprender” por un instante muchas de tus experiencias para poder sentir como siente un niño por primera vez, y así percibir la magnitud que el problema tiene para él.

    Os ahorraréis muchos gritos y discusiones si asumes esta diferencia tan natural y trabajas por reducirla.

    3.- Deja a un lado otros asuntos

    Intenta limpiarte del resto de preocupaciones y emociones negativas cuando interactúes con tus hijos.

    Procura partir desde cero con ellos. Si no, el cúmulo de preocupaciones que cargas en tu espalda no te dejará responder proporcionalmente a lo que necesita tu hijo.

    Si ya empiezas nervioso, tienes muchas más probabilidades de acabar gritando que si te liberas de la negatividad antes de dirigirte a tu pequeño.

    4.- Cultiva tu paciencia

    Hazlo en todas las ocasiones que puedas. Tienes muchas oportunidades: atascos, colas, el trabajo…

    Si aprendes a controlar tus nervios en diversas situaciones, luego te será más fácil ante tu hijo. Con serenidad, los asuntos se resuelven mucho más fácilmente. (Te ayudará mucho practicar la meditación)

    5.- Practica el “tiempo fuera”

    Cuando notes que vas a salirte de tus casillas, retírate. Vete a un sitio apartado, tú solo. Reflexiona, respira y relájate.

    Deja pasar el tiempo que haga falta, piensa en otra cosa o haz alguna actividad que ocupe tu atención, hasta que estés tranquilo. Ésta es una de las mejores estrategias para evitar una explosión de agresividad.

    Enséñale a tu hijo a hacer lo mismo cuando lo necesite.

    6.- Previene en lugar de curar

    Detecta los momentos en los que más nervioso te pones para poder evitarlos.

    Por ejemplo, si sabes que por la mañana antes de llevar a tu hijo al colegio te pone de mal humor ir con prisas, procura levantarle más temprano. Así, habrá menos “tentaciones” de gritar.

    7.- Haz público tu reto

    Comenta tu intención de cambio a amigos, familiares, e incluso a tus propios hijos. ¿Por qué no decirlo también a tus conocidos publicándolo en las redes sociales?

    El hecho de que lo sepan otras personas aumenta el nivel de compromiso. Además, los más allegados pueden ayudarte, por ejemplo, señalándote cuándo te estás desviando de tu objetivo, y así podrás reincorporarte.

    Una idea: ¿Por qué no proponeros la misma meta tu pareja y tú conjuntamente?

    8.- Haz aquello que te haga sentir de buen humor

    El estado de alegría y bienestar es incompatible con los gritos. Comparte momentos agradables y divertidos con tus hijos, por ejemplo, realizando algún deporte al aire libre. Os beneficiará a todos.

    9.- Transmite a tus hijos congruencia entre tus palabras y tus actos

    Si quieres pedirle calma, no puedes hacerlo alzando tu voz. Recuerda que los hijos, en gran parte, son un reflejo de lo que ven en su familia.

    Aprenden lo que tú les quieras enseñar, pero no sólo con las palabras, sino más bien con los hechos. La mejor educación es la del ejemplo tal y como te contamos en el artículo De tal palo, tal astilla: los padres como modelo.

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    estefania-monaco-psicologa

     

     

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