Mavi Corell Domenech

Periodista

- Licenciada en Ciencias Biológicas.

- Master en Periodismo.

- Redactora en varias publicaciones.

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Para muchos de nosotros, el final de las vacaciones de verano marca un cambio de ciclo, un volver a empezar. La segunda oportunidad de comenzar el año nuevo.

Nos replanteamos nuestros hábitos, activamos ilusiones y renovamos proyectos. Las vacaciones y el descanso nos alejan de las rutinas, del estrés y de los horarios que marcan el trabajo y la familia.

Se trata de “no hacer nada”: sudar, nadar, andar. Para unos se convierte en una bendición; para otros, en una condena.

Tumbado frente a la piscina, Joan piensa en alto. Como emprendedor y profesional del diseño, no pasa por un buen momento. Se siente bloqueado y atrapado por la rutina. El trabajo que le llega no le permite desarrollar su parte creativa.

“Mindfulness en la vida cotidiana” o cómo ser conscientes en nuestro día a día, Kabat-Zinn, Jon (2009), Barcelona, ed. Paidós.

“Atención plena” resulta una combinación de palabras inaudita en nuestro tiempo. Nos rodean tantos estímulos que difícilmente podemos estar plenamente atentos a algo concreto.

En Occidente tenemos tendencia a vivir el presente con dificultad. Nuestro afán de controlar la naturaleza nos impide disfrutar de cada momento con atención plena.

Puede que estemos viviendo de forma “acelerada”, sin pensar en el devastador efecto del estrés sobre la salud

Sin duda, éste es un asunto del que conviene ocuparnos: el estrés aumenta la posibilidad de sufrir úlceras de estómago, conduce a una baja absorción de los nutrientes y a una eliminación de micronutrientes necesarios para el metabolismo, aumenta el colesterol y el cortisol en sangre - sustancia relacionada con el aumento de peso-, promueve alergias y, para colmo, disminuye el apetito sexual y produce estreñimiento

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