Irene Rodrigo Martínez

Periodista. Directora de contenido y coordinadora de áreas en EPDH.

Directora del proyecto "Somniarte" en  http://thinkbigjovenes.fundaciontelefonica.com/proyectos/somniarte

Trainer en técnicas de presentación y liderazgo.

Practitioner y Máster en Programación Neurolingüística (PNL).

Estudiando Arte Dramático en la Escuela Superior de Arte Dramático de Valencia.

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“Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Confieso que hasta hace poco no comprendía esta frase atribuida a Ernesto “Che” Guevara. Curiosamente, fue otra oración la que me ayudó a entender el significado de tan famosa cita:

En una tormenta en pleno océano, el pesimista reza para salvarse; el optimista espera a que amaine el temporal; el realista ajusta las velas.

Es curioso: si analizamos el proceso que seguimos cada vez que nos enfrentamos a un reto y salimos renovados y fortalecidos de él, nos daremos cuenta de que siempre damos los mismos pasos.

Este mismo patrón se reconoce en gran parte de la literatura, la tradición oral o la cinematografía: una persona encuentra una dificultad y decide emprender un camino para superarla.

Por el camino aparecen personas y situaciones que no se lo pondrán nada fácil, pero también aliados que le empujarán hacia delante.

Finalmente, el sujeto regresa a su estabilidad, sólo que habiendo aprendido una lección que necesitaba para evolucionar él mismo y para motivar el desarrollo de su entorno.

A muchos nos ha pasado. Llega un día en el que nos levantamos y, cansados de nuestra rutina o de la inercia que arrastra nuestra existencia, decidimos hacer cambios importantes en nuestra vida.

Empezamos un cursillo del famoso coaching, del que ya te hablamos en el artículo "Los 10 beneficios del coaching", nos hacemos con toda una biblioteca de libros de autoayuda, nos inflamos a artículos y a vídeos motivacionales y comenzamos a meditar.

Hace unas semanas, un amigo que se dedica de forma semiprofesional a la dirección de coros me explicaba que en uno de sus últimos conciertos había recibido múltiples felicitaciones por la evolución que el coro había experimentado bajo su batuta.

Me decía, también, que cada vez le pedían más colaboraciones y le encargaban más conciertos.

La verdad es que no sé qué es lo que hago para que esto me esté yendo tan bien, pero es fantástico”, finalizó.

“Esta mañana me he quemado con el café del desayuno. Me he vestido corriendo porque llegaba tarde al trabajo y, aunque he perseguido al autobús, éste se ha escapado en mis narices. Al llegar a la oficina me ha caído una bronca porque ayer olvidé acabar unos papeleos. Vuelvo a casa derrotado y mis hijos me dan la vara con que no quieren hacer los deberes. Al acostarme, a pesar de todo el cansancio, me cuesta conciliar el sueño…”.

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